Hubo
un tiempo en el que abrir una carta significaba miedo.
Un mes
para pagar… o embargo.
Sin defensa. Sin opciones. Sin respuestas.
Pero decidimos no quedarnos quietos.
Personas que no se conocían empezaron a ayudarse.
A
informarse. A organizarse. A luchar.
No por capricho. Por
dignidad.
Gracias a esa lucha hoy existe reclamación previa.
Existe
fraccionamiento.
Existen sentencias que nos dan la razón.
Puede parecer poco.
Pero quien lo ha vivido sabe que es mucho.
Seguimos esperando justicia definitiva.
Seguimos pagando
muchos de nosotros.
Seguimos cansados.
Pero también seguimos en pie.
Porque rendirse no cambia nada.
Intentarlo puede cambiarlo
todo.


Comentarios
Publicar un comentario